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"A través de la escritura me relaciono con todo." Marcela Ramírez





lunes, 19 de diciembre de 2011

coordinadores por un día | manuela suárez

El jueves 15, Manuela Suárez nos visitó convocada para coordinar por una jornada el taller de escritura.
Trajo textos de Girondo, los Beatles y Whitman para leer y reversionar.

Trabajamos en la sala 1. La mayoría tomó "Cuando tenga 64" :) y surgieron textos super lindos como éstos!



Cuando envejezca, sólo quiero
que estés a mi lado
y yo no esté mal parado
en la esquina de algún barrio
y ya cuando mi cabeza
esté de color blanco
sólo espero que el brillo de tus ojos
no se haya ido
y no esté confundido
ni con mis hijos con enojo

Luciano Bandeo


Cuando tenga 77 años...
¿Aún nos amaremos?
Aún compondrás canciones para mí.
Tendré nietos con quienes divertirme.
Nos amaremos con desenfreno.
Y beberé la miel de tus labios.

Marcela Ramírez


Cuando envejezca y pierda el pelo dentro de muchos años
¿todavía mi novio estará siempre conmigo?
¿festejarán mis padres mi cumpleaños?
¿todavía me querrán como a una niña?
Tú, madre, ¿usarás bastón?
Padre, ¿usarás el auto y viajaremos a Córdoba como cuando era chica?
Madre, podría amarte toda la vida.
Yo podré tejer la manta para mis hijos
y con mi novio arreglaremos el jardín.

Mónica López


Me pareció un poco triste
pero hoy en realidad me pregunto 
¿cómo será cuando llegue a esa edad?

Una imaginación de lo que me gustaría hacer
y tener a los 64...

Gladys Barua








jueves, 1 de diciembre de 2011

tus cinco toritos negros | poema recitado por ana maría ibáñez

Contra mis cinco sentíos, 
tus cinco toritos negros:
torito negro tus ojos,
torito negro tu pelo,
torito negro tu boca,
torito negro tu beso,
y el más negro de los cinco
tu cuerpo, torito negro.

Barreras puse a mis ojos,

tus ojos me las rompieron.
Barreras puse a mi boca,
tu boca las hizo leño.
Puse mi beso en barreras,
tu beso les prendió fuego.
Barreras puse a mis manos,
les hizo sombra tu pelo.
y puse barreras duras
de zarzamora al recuerdo,
y saltó sobre las zarzas
tu cuerpo, torito negro.

Deja, que no quiero verte.

¡Déjame, que no te quiero!

Y luego monté mis ojos

sobre un caballo de miedo;
...tus ojos me perseguían
como dos toritos negros.
y luego metí mis manos
bajo un embozo de fuego;
...tu pelo se me enredaba
igual que un torito negro.
y luego junté mi boca
contra la cal de mi encierro;
...tu boca estaba acechando
igual que un torito negro.
y luego mordí mi almohada
para contener mi beso;
...tu beso me corneaba
igual que un torito negro.
y luego arañé mi carne
de tentación y deseo,
para que no me gritara
que yo te estaba queriendo;
y tu cuerpo encandilado
mimbre, luna, bronce y fuego,
se me plantó ante los ojos
igual que un torito negro.

Deja, que no quiero verte.

¡Déjame, que no te quiero!

El aire del cuarto estaba

temblando con tu recuerdo.
Cien caballos en mis venas
al galope por mi cuerpo,
y yo, jinete sin rienda,
luchando por contenerlos.
Cien herreros en mi boca,
trabajando con mis besos,
y yo queriendo ser fragua
para poder deshacerlos.
Cien voces en mi garganta
gritándome que te quiero,
y yo, ¡mentira infinita!,
gritando que no te quiero.

Salí por aire al balcón...

me tropecé con el cielo.
Aquel cielo quieto y hondo,
verde, blanco, azul y negro,
igual que el de aquella noche
de nuestro primer encuentro
en que me hirieron, al paso,
tus cinco toritos negros.

Y me acordé de aquel aire

que jugaba con tu pelo
como un niño a quien le gustan
los caracolillos negros.
Y me acordé de aquel rayo
de luna, fino y torero,
que puso dos banderillas
de luz en tus ojos negros.
Y de aquel dolor de labios
que nos quedó de aquel beso,
y de aquel dolor de brazos,
y de aquel dolor de huesos
y de aquella caracola
de amor, que quedó por dentro
con un mar de amor dormido:
...que te quiero ...que te quiero.

y se me escapó la voz;

grité: ¡Te quiero!, ¡te quiero!
Y ya no junté mi boca
contra la cal de mi encierro,
y ya no mordí mi almohada
para contener mi beso,
y ya no arañé mi carne
de tentación y deseo.
Junté mi beso a tu boca,
junté mi boca a tu beso,
y otra vez aquel dolor
de cintura, brazo y huesos...
pensando en aquella noche
de nuestro primer encuentro.

Te quise siempre, te quise,

Te quiero siempre, te quiero.

Aunque no puedo quererte,

te quiero.
Aunque no debo quererte,
te quiero.
Aunque en cunas de tu casa
se está meciendo un almendro,
te quiero.
Aunque tú tienes dos lirios
que se te cuelgan del cuello,
te quiero, ¡te quiero!

y aunque ponga más barreras

de zarzamora y sarmiento
para que nunca las salten
tus cinco toritos negros:
torito negro tus ojos,
torito negro tu pelo,
torito negro tu boca,
torito negro tu beso,
y el más negro de los cinco
tu cuerpo, torito negro,
te quise siempre, te quise.

¡Te quiero siempre!
¡Te quiero!

martes, 22 de noviembre de 2011

contertulios | alejandra benz


Rubia

Pelo largo y lacio
a fuerza de cremas
el espejo es el mismo
para todos
y a veces el reflejo
eso es lo que asusta.
Camina rápido apretada
hace que piensa
dice que la miran
cree que se enoja
a mí no me la vas a contar
1, 2, 3, 4
50 abdominales
después a jugar al voley
la cancha tiene el pasto seco
manchones de tierra
hecha talco
nos encanta descuidarnos!
a los pies de los árboles
crece orejita de ratón
pero no es elegante
el que está en el jockey sí!
verde tanto refleja el sol
la pileta, olla con coditos
ahí no hay piojos
porque no hay piojosos
la pista de salto
3 negadas y afuera
el calor del breech en diciembre
de la camisa y las demandas
en el sushi club sacudo el toallón
lleno de pelos de la perra
desde la puerta de un modelo ´94
saltaste bien!
pero te faltaron las espuelas
no las voy a usar nunca
nunca las voy a usar
aunque te quede la remera
esa negra, ajustada
con las calzas y las botas encima
que no se estiran en 30 km
no se estiran
y sofocan y aprietan.
Yo hubiese sido como vos
ahora soy otra
cuando elegimos siempre
algo queda de lado
todo pérdida
pero de la posta
nunca voy a usar espuelas
nunca voy a ser rubia

martes, 15 de noviembre de 2011

contertulios | lyda manavella

 Absurdo

Soñé que el fuego se helaba
Soñé que la nieve ardía
Y por soñar imposibles
Soñé que tú me querías.

Pompeya, desolado  paisaje, retorcidas sierpes que fueron rojas. Ahora convertidas en piedra gris. Ruinas, ruinas de Pompeya. Rescatadas de  la furia del Vesuvio. Surgiendo trágicas. Recordando lo que fue antiguo esplendor, lugar  de vacaciones  de los adinerados de otros tiempos. Albores de la era cristiana.
 De pronto una joven muchacha romana de cutis blanco y gracioso peinado recogido con cintas doradas, aparece de la nada. A su paso la lava se va deshaciendo, abriendo. Surge un espeso vapor lleno de burbujas color violeta. La lava se evapora, desaparece en un horizonte de cristales color turquesa. La joven, casi  una niña recoge con su graciosa mano los bajos de su túnica.
 De una de las maravillosas y elegantes casas de piedra, sostenidas por hermosas columnas ahora totalmente recuperadas, sale un joven hombre que abre sus brazos en cariñoso e inequívoco gesto de  bienvenida. Ella corre hacia él, sonriente su joven boca y se mete entre sus brazos.
 El sol  péndulo que cuelga en un cielo totalmente amarillo, es testigo de los besos y caricias que se prodigan los afortunados personajes.
 Ya en la casa de piedra y recostados entre almohadones de espuma, los  amantes surgidos del tiempo y olvidados que son sólo eso (tiempo que se fue) funden sus cuerpos en infinitos abrazos.
 Afuera el cielo amarillo comienza a hacerse gris  y del sol péndulo empiezan a desprenderse ardientes y espesos copos de nieve.

martes, 8 de noviembre de 2011

relaciones | sandra lozza

Qué cosa
Maravillosa
Qué color
Un gato
Sí
Que sale de paseo
Un gato
Un gato que estaba comiendo
Un gato
Blanco
La cachucha
La cachucha
Una cachucha
(eso no se dice)
Un gato
Se come la cachucha
Un gato
Un gato
Come la cachucha
Noooo.

Pepito
Me hizo un arbolito
Para navidad
Tiene luces de muchos colores
Un regalo
Para mi mamá.
Jesús, Jesús, rey de la bondad